El concepto de identidad cultural nos ha permitido pensar cómo es que llegamos a reconocernos como sujetos competentes de unas dinámicas y relaciones asentadas en valores, costumbres y tradiciones específicas. la identidad no es un hecho, sino un proceso, por lo que, no hay un inicio y un fin que tengan lugar en ciclos vitales determinados.
Se trata más bien de una serie de transformaciones que tienen lugar bajo distintas circunstancias que no son fijas ni inamovibles. Sin embargo, por diferentes razones no siempre es sencillo sentirse parte de esa identidad cultural, en ocasiones se puede experimentar tantos “yo” distintos, en función del grupo con el que nos encontramos o el idioma que estamos hablando. También puede haber un frecuente sentimiento de soledad al tener dificultades para identificarse con un grupo social, ya sea de iguales o familiares.
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